Yage

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lunes, 1 de marzo de 2010

LENGUA MIRAÑA - Algunas expresiones básica para aprender Miraña (1)


"La descripción etnográfica no es tan fácil como a primera vista pudiera aparecer. No se puede describir lo que no se ha entendido, y menos aun lo que no se es capaz si quiera de observar o identificar a pesar de que esté sucediendo al frente de nuestras narices. De ahí que la labor etnográfica requiera el desarrollo de un conjunto de condiciones y habilidades que le ‘abran los ojos’ al etnógrafo, que le permitan entender lo que tendrá que describir.

Entre las condiciones se pueden resaltar tres. En primer lugar, en el marco de un estudio etnográfico incluso la observación más elemental supone que se cuenta con una pregunta o problema de investigación. Esta pregunta o problema no sólo permite en términos generales distinguir lo que es pertinente de lo que no lo es, sino que también orienta la labor del etnógrafo en ciertas direcciones visibilizando asuntos que de otra forma permanecerían en la penumbra. Sin pregunta o problema de investigación no es posible adelantar ningún tipo de estudio etnográfico. En parte los ojos del etnógrafo (o sus gafas) son constituidos por su pregunta o problema de investigación.

Una segunda condición en un estudio etnográfico es ser aceptada la presencia del etnógrafo por las personas con las que se realiza la investigación. Sobre todo cuando el estudio etnográfico se encuentra diseñado recurriendo a la técnica de la observación participante localizada, es indispensable que la gente con la que se trabaja tenga la disposición a que el etnógrafo no solamente resida en el lugar sino que esté observando y preguntando sobre lo que le interesa. Ahora bien, hay estudios etnográficos que no recurren a esta técnica de la observación participante sino a otras como al del informante (por ejemplo, el famoso caso de la etnografía de los Desana escrita por Reichel Dolmatoff con base en entrevistas realizadas en Bogotá a un miembro de este grupo indígena) o los trabajos de antropología histórica que realizan una lectura etnográfica a los archivos para periodos y gentes del pasado.[1]

Finalmente, la tercera condición para resaltar es contar con buen tiempo para realizar la investigación etnográfica. El trabajo de campo toma tiempo, tiene su propio ritmo. Una etnografía demanda un periodo prolongado de tiempo, pues no alcanza a conocer de la noche a la mañana la vida de otra gente y mucho menos sus propios significados. No se puede hacer etnografía con un par de visitas de fin de semana. En algunos casos, como cuando hay que aprender una lengua distinta o cuando el problema de investigación así lo demande (un ciclo de siembra, por ejemplo), los estudios etnográficos pueden fácilmente tomar años. Las técnicas etnográficas tienen sus ritmos, que no pueden ser caprichosamente acelerados: “La información no se recoge en un par de jornadas ni de una sola fuente, sino que se obtiene a lo largo de prolongados periodos y recurriendo a diversos informantes […]” (Guber 2005: 100). Como dependen en gran parte de la construcción de familiaridad y confianza de la gente con la que se trabaja, los afanes y agendas apretadas no tienen cabida. Además, el proceso de aprendizaje del investigador es lento, no es necesariamente acumulativo ni unidireccional"



Tomado de texto Técnicas Etnográficas del antropólogo Eduardo Restrepo. El tecto completo se puede consultar en el enlace http://www.ram-wan.net/restrepo/documentos/tecnicas%20etnograficas-borrador.docx.


Tal como recomendara Malinowski al aplicar el método etnográfico, además de los tres pilares mencionados en el texto de Eduardo Restrepo, es fundamental que el etnógrafo realice un esfuerzo por comprender y después aprender la lengua vernácula del contexto donde interactuará, ya que esto favorecerá no solo la labor investigativa, sino que asegurará la aceptación por parte de la comunidad y asegurará un alto grado de confianza en la información compilada. 

Creyendo firmemente en la importancia de aprender una lengua indígena y como estrategia para poder investigar una lengua escasamente estudiada, desde el año 1995 realicé la compilación de información lingüística - sin ser etnolingüística -, y me esforcé en asimilar la tonalidad del Miraña, a partir del aprendizaje de cantos tradicionales que, por fortuna, los sabedores - cantores tradicionales de este pueblo (Napoleón Miraña y Luis Miraña), venían enseñando a los niños y niñas de las escuelas de Puerto Remanso - El Tigre y María Manteca (o Mariapolis). 

Posteriormente fue decisivo y me sirvió de apoyo, el aprendizaje que hiciera por su cuenta Alcibíades Miraña, quienes con esfuerzo y dedicación aprendió su propia lengua.

Recibiendo las recomendaciones de lingüistas como Camilo Robayo, profesor del Departamento de Lingüística de la Universidad Nacional de Colombia e investigador del Karijona, me di a la tarea de compilar en fichas cada término, cada frase, tratando de graficar la tonalidad de la lengua, aspecto que en lo personal me costó muchísimo aprender.

Además de adentrarme en el uso del Alfabeto Fonético Internacional y de realizar unos talleres de estandarización de alfabeto con las comunidades, pude acopiar más de un millar de palabras y expresiones que transcribí en fichas y que desde entonces guarde con los casetes donde personas como Elvano Miraña, Luis Miraña, salvador Miraña, Napoleón Miraña, Crispín Miraña y la siempre recordada abuela (Taa`lle) Andrea Bora Miraña,  me adentraron en los primeros pinitos de esta lengua, hoy por hoy desconocida y en peligro de extinción. 

A ellos, dedico todas las entradas que en este espacio virtual hago alusión a la lengua Miraña, esperando que algún día, otras personas interesadas y dispuestas a aprender esta lengua, revisen, corrija y complementen este  trabajo. 

A continuación presento la primera compilación de vocablos acopiados en la comunidad de San Francisco en el año de 1994, los cuales referencias objetos utilizados en la casa Miraña y que se aparecen registrados en el Fondo Documental bajo la toponimia 1a EST OCT 1994 STA ISABEL - DC de 034 a 120 fichas:























































































Autoría de Marimuteka Amejiminaa (Carmensusana Tapia Morales)


domingo, 14 de febrero de 2010

PUEBLOS INDÍGENAS DE COLOMBIA - Los Miraña

Ubicados en el noroccidente amazónico colombiano y asociados lingüística y culturalmente con los Bora con quienes están emparentados, los Miraña identifican como principal ser creador a Píívyéji Niimuhe (en español, Dios de Centro), ser viviente omnipotente y omnipresente que protege con su cuerpo (se dice que con el cabello), las tres secciones en las que los Miraña dividen el Mundo: el mundo en el que vive este pueblo indígena, el mundo de la Garza y el mundo del Hacha.


Maguaré (CSTM, Medio Caquetá, 1995)

En la primera sección del Mundo o mundo de los Miraña (pero también de los Bora), se emplazan los descendientes de la primera pareja humana que creó Niimuhe, quienes coexisten con las plantas originales (la coca, el tabaco y la yuca). Es en esta sección de mundo se ubicó el arbol conocido como palo de rosa (Aniba rosaeodora) o Mákápahe en lengua, del cual surgió a partir de la transformación del hijo de la pareja en arbusto y cuya madera constituirá la materia prima para la elaboración del reconocido tambor local denominado manguaré.

Así como el creador está presente en las plantas, en los seres que están debajo de la tierra y aquellos que están en el espacio, Niimuhe está también presente en el mundo acuático.

Los animales, que adquieren en el plano donde viven, una figura semejante a la del ser creador y por ende, a la humana, se convierten en los seres intermediarios entre el Creador y los humanos, reconociéndoseles como “seres de la naturaleza”, “dueños de la naturaleza” o “dueños de mundo”. Prácticamente todos los seres humanos debemos pedir permiso a estos dueños de mundo para desarrollar las actividades cotidianas que se desarrollan en la selva.

Para poder comunicarnos con estos seres, los sabedores indígenas señalan que necesariamente se debe utilizar el ámbil (1), la coca (2) y la caguana (3), elementos que deberán ser preparados y entregados al Creador en el lugar de conversación o “mambeadero” (4) ubicado al interior de la maloca. Estos elementos no serán tocados por persona alguna, ya que estos productos constituirán la provisión del Creador mientras sea invocado.


Por excelencia, los seres de la naturaleza personifican los guardianes de cada uno de los seres que viven en la tierra. Entre los más conocidos entre los Bora - Miraña encontramos los siguientes seres: 

Así como el creador está presente en las plantas, en los seres que están debajo de la tierra y aquellos que están en el espacio, Niimuhe está también presente en el mundo acuático.

Palos con los que se toca el maguaré.
(CSTM, Alto Cahuinarí, 1997)



Los animales, que adquieren en el plano donde viven, una figura semejante a la del ser creador y por ende, a la humana, se convierten en los seres intermediarios entre el Creador y los humanos, reconociéndoseles como “seres de la naturaleza”, “dueños de la naturaleza” o “dueños de mundo”. Prácticamente todos los seres humanos debemos pedir permiso a estos dueños de mundo para desarrollar las actividades cotidianas que se desarrollan en la selva.

Para poder comunicarnos con estos seres, los sabedores indígenas señalan que necesariamente se debe utilizar el ámbil (1), la coca (2) y la caguana (3), elementos que deberán ser preparados y entregados al Creador en el lugar de conversación o “mambeadero” (4) ubicado al interior de la maloca. Estos elementos no serán tocados por persona alguna, ya que estos productos constituirán la provisión del Creador mientras sea invocado.

Por excelencia, los seres de la naturaleza personifican los guardianes de cada uno de los seres que viven en la tierra. Entre los más conocidos entre los Bora - Miraña encontramos los siguientes seres: 

  1. Iámé Niimúhe o “dueño de los animales”, dueño de mundo que se hace presente a través de la presencia de ráfagas de viento, y a quien hay que pedir permiso antes de dar cacería y matar a un animal.
  2. Bájúne Mééi o “dueño del monte (4)”, quien adquiere la forma humana, aunque se diferencia por sus largas orejas y uñas. Se le considera el responsable de todos los árboles frutales y medicinales existentes en la selva (no en la chagra, que ya es espacio humanizado).
  3. Úméko Wájya o ser agreste que devora a todos aquellos individuos que no cumplen con las reglas establecidas.  Este personaje también se le asocia a la guerra, ya que se dice que con su poder, agilidad y astucia se puede vencer al enemigo.
  4. A este ser viviente se le suele asociar con la aparición del  arco iris de occidente o Tújpawa (“arco iris colorado”), fenómenos que es interpretado por los sabedores Bora – Miraña como señal de que pronto habrá derramamiento de sangre a causa de guerra o contienda. Tanto a  Úméko Wájya como a Tújpawa se les considera seres de venganza y es común que se les suela pedir que debilite al enemigo para poder vencerlo.
  5. Píjkyáne Núhba o ser que facilita el normal crecimiento y desarrollo de todas las plantas que se cultivan en la chagra, además es el encargado  de propiciar que el terreno se airee y se seque para poder quemarla y sembrarla con las diferentes especies de plantas comestibles y medicinales.
  6. Májchotáwa Núhba o ser que se suele asociar con la noche – específicamente con la luna, ya que interviene al igual que Píjkyáne Núhba en el crecimiento, alimentación y protección de las plantas. Este es uno de los personajes que ejemplifica la labor de aquellos seres de naturaleza que trabajan en la noche, mientras los demás seres vivientes descansan.
  7. Dóóráme Bóóa o “la boa negra”, ser de naturaleza que en el agua se responsabiliza de todos los animales allí existentes, sean peces o no. Esta boa cuida a los seres humanos cuando circulan por los ríos y es la encargada de proporcionarnos los peces necesarios para comer. A este ser viviente se le encomienda la labor de definir qué debe pasarle a  aquella persona que captura peces más de la cuenta, dictaminando la recompensa o el castigo que merece.
  8. Úúníjya Bóóa o “boa pintada” (también Nújpa Bóóa), encargada de cuidar el agua y los ciclos de lluvia, inundación, sequía y desagüe de las aguas de todas las fuentes hídricas y cuerpos del agua existentes en el territorio. Al igual que Dóóráme Bóóa está al cuidado de quienes navegan por las torrentosas aguas de los ríos y se encarga de controlar la cota de lluvia, especialmente cuando se necesitan realizar actividades comunitarias como mingas, bailes y/o celebraciones rituales.
  9. Thi o arco iris común, es el encargado de anunciar las lluvias. Se dice que trabaja en asocio con Úúníjya Bóóa, ya que entre ambos, calculan y controlan los niveles de lluvias.
  10. Mííkuru o las estrellas o seres encargados de facilitar con los astros grandes, indicando cuándo se darán los ciclos de invierno y verano.
  11. Újkómu Wájyao tigre de agua. Se le equipara en el mundo acuático con la yuca brava o venenosa terrestre. Se le considera el dueño de todo lo malo que ocurre en el mundo Bora Miraña, pues representan por excelencia la ferocidad. Los indígenas que los han visto lo describen como un ser cuyo cabeza y hocico se asemeja a la del jaguar, en tanto que su cuerpo simula al de una nutria o perro de agua, aunque es más lanudo.Quienes han sido testigos de la presencia del tigre de agua señalan que suele aparecer en aguas turbulentas, donde muchas veces alguien lanzó al agua comida cubierta con ají, lo que atrae de inmediato a este ser, quien ataca a la embarcación desde donde fue arrojado el alimento, lanzando a los navegantes al agua para después devorarlos. Se dice que esta reacción se desencadena porque al tigre de agua le agrada el sabor de ají que preparan los indígenas, sabor que en cierto modo lo perturba y lo impulsa a atacar a los seres humanos, advirtiéndoles como cacería mantecosa de la cual se puede alimentar. También se dice que se hace presente muy cerca a los chorros o raudales, atacando a aquellas personas que irrumpen la tranquilidad con gritos y alboroto. Se dice que entre sus presas predilectas se encuentran los niños que suelen pasar largas horas del día jugando en el puerto, irrumpiendo la tranquilidad del tigre de agua que deambule por  el lugar.


Interior de la antigua maloca de Puerto Remanso - El Tigre (CSTM, 1997)

NOTAS

(1)     Entre los Bora – Miraña se le conoce a esta esencia de tabaco con sal de monte como “ampiri” (en Bora, máániu). La sal de monte en lengua se conoce en Bora como como ume.
(2)     En Bora como ÍÍbii.
(3)      En Bora como Káhgúnuko. Entre los Miraña, este es elemento ritual más de uso femenino que masculino,junto con el tucupí, ya que son elaborados por las mujeres.
(4)     Se refiere al tupido bosque que caracteriza la selva amazónica.



Autoría de Marimuteka Amejiminaa (Carmensusana Tapia Morales)

lunes, 1 de febrero de 2010

EL PRINCIPIO - Más sobre los Améjimínaa...

Améjimínaa o “gente de abajo”, traducción al castellano de la expresión original que en lengua indígena  Mirana refiere a la ubicación geográfica en la que originalmente surgió este pueblo indígena (margen baja o sector aledaño a la bocana del río Pamá en el Cahuinarí); sitio que es considerado como la “entrada al mundo propio” o puerta de acceso a lo que se concibe como «centro de mundo», lugar desde el cual emergió el pensamiento propio, definido como el conjunto de conocimientos, saberes y representaciones que desde entonces serán recreadas por todos los seres vivientes descendientes de Pïvye Niimue (“dios de centro” o principal ser creador entre los Miraña), en función de su entorno, su interacción con el medio natural y su historia.

Ubicación general del lugar de origen o centro de mundo de los Miraña. Imagen captada de Google Eart (2010)  CSTM

Recurriendo a la imagen que desde tiempos primigenios se ha esculpido en los peñascos existentes en el río Caquetá (especialmente  en su sector medio y bajo), el pensamiento Miraña se dispersó a lo largo del Cahuinarí, Medio y Bajo Caquetá, llegando incluso a las grandes ciudades amazónicas como Tefé, Manaos y Pará.


Arriba. Petroglifo tallado en sector próximo a Araracuara (1995). CSTM
Abajo. Niños en su mayoría Miraña de la comunidad de Puerto Remanso - El Tigre (1997). CSTM

De otro lado, la expresión Améjiminaa también alude a la idea predominante entre muchos pueblos indígenas del noroeste amazónico, quienes consideran a los cardúmenes de peces que abundan en los ríos del sector, como sociedades similares a las humanas que habitan en entornos acuáticos diferenciados, dependiendo fuente hídrica y ecosistemas acuáticos donde viven. Más conocidos como la “gente del agua”, estos seres vivientes tienen sus equivalentes sobre la superficie terrestre, en los integrantes de las sociedades humanas, específicamente entre los pueblos amerindios que habitan el planeta.




Autoría de Marimuteka Amejiminaa (Carmensusana Tapia Morales)

domingo, 3 de enero de 2010

SABIAS QUE... ¿Cuántos son los pueblos indígenas en Colombia, dónde están ubicados, cuál es su densidad poblacional y cuáles son los pueblos en riesgo de extinción demográfica y cultural?

Según el Departamento Nacional de Estadística DANE, de acuerdo con el Censo General realizado en el año 2005, en Colombia residen 87 pueblos indígenas identificados plenamente que hablan 64 lenguas amerindias y una diversidad de dialectos que se agrupan en 13 familias lingüísticas. 

Se calcula que en Colombia, residen 1.378.884 indígenas que corresponden al 3,4% de la población del país.

Por su parte, las organizaciones indígenas del país dan cuenta de 102 pueblos indígenas distintos, distribuidos por la mayor parte del territorio nacional, pero principalmente en áreas rurales – según datos del DANE, el 78% de la población indígena colombiana habita en zonas rurales.


Para conocer desde la cartografía la distribución de los territorios indígenas en Colombia, ver el siguiente mapa: 

Para ver relación densidad de población al interior de resguardos y poder vislumbrar la aglomeración de indígenas especialmente aledaña a zona urbana, ver el siguiente mapa:

En lo que respecta a los pueblos indígenas en riesgo de extinción demográfica y cultural, ver el siguiente mapa: 


BIBLIOGRAFIA CONSULTADA


Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). “Colombia: una Nación Multicultural. Su diversidad Étnica.” Dirección de Censos y Demografía, mayo de 2007. Disponible en: www.dane.gov.co/files/censo2005/etnia/sys/colombia_nacion.pdf


Sitio web Geoactivismo.org http://geoactivismo.org/ 

lunes, 1 de junio de 2009

PATRIMONIO CULTURAL - ¿Qué es se define colectivamente como tal?

Hasta hace algunos años, hablar de Patrimonio Cultural implicaba circunscribirse exclusivamente a un conjunto de bienes considerados esenciales por parte de un sector influyente de una sociedad; bienes que encarnaba además valores  absolutos y ahistóricos con los que se promovían proyecto identitarios basado en la homogeneidad.  Muchos de estos bienes se solían acumular en espacios como museos, en calidad de “tesoros” preciados que fueran admirados por espectadores en exhibiciones, corroborando prejuicios o consolidado imaginarios y representaciones hegemónicas por parte de una sociedad dominante.

Gracias al giro que tuvo la definición de Cultura con la proclamación de la Convenciónsobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural en 1972, hoy en día se habla de la transversalidad de la cultura en la vida social de todo pueblo o comunidad, al punto que ahora no solo se valora, significa y reconoce cualquier obra, creación o producto artístico y/o cultural, sino también a aquellos saberes, conocimientos, expresiones y prácticas culturales a través de los cuales se trasmiten valores distintivos del colectivo. Con este giro, se resalta la importancia de todos y cada uno de los miembros de una comunidad como poseedores y transmisores de su Patrimonio Cultural, perspectiva que privilegia ante todo los procesos sociales retroalimentados por el debate y la participación de quienes hacen parte de la colectividad.

Este proceso de definición e identificación del Patrimonio Cultural inherente a una colectividad (o «patrimonialización»), además de promover la participación y la interacción de los diversos actores, poseedores y transmisores de los saberes, conocimientos y prácticas, definen y deciden lo que se concibe como tal, aprenden rápidamente que sus decisiones y elecciones, se aseguran de la apropiación social de aquellos valores que la propia comunidad les atribuye y propician la construcción de lo colectivo desde un enfoque cultural.

Esta «patrimonialización» que toma distancia de lo que anteriormente se concibió como  el itinerario a tener en cuenta a la hora de definir qué se concebía como Patrimonio Cultural, considera que no es el Estado ni los expertos los encargados de decidir qué debe considerarse como tal, sino que los reconocen en su rol de acompañamiento, orientación, diseño de herramientas y marcos normativos que incidan en la salvaguardia de su Patrimonio.

Concebir el Patrimonio Cultural de una perspectiva amplia que valore la contribución de las comunidades que lo detenta, facilitará la labor de que el mismo sea interpretado como un legado del pasado, que se estimula en el presente y se hereda a las futuras generaciones. Implica por consiguiente, que la comunidad entienda que dicho Patrimonio incluye la totalidad de obras que evidencian la creatividad humana; obras entre las cuales se puede contar la lengua que hablan, la forma como se organizan y se relacionan en el ámbito familiar y social, los oficios que saben, aquello en lo que creen, los conocimientos de la naturaleza y el trato que le dan al entorno en el que viven, la forma como preparan sus alimentos, la curación del cuerpo o el alma, la música o los bailes que escuchan y danzan, así como las celebraciones, fiestas y rituales que hacen parte de sus formas de vida cotidiana, es decir, todo aquello que se define como Patrimonio Cultural Inmaterial (P.C.I.).

La tarea entonces será la de salvaguardar un Patrimonio que les ayudará a entender y a reflexionar quiénes son y cómo quieren ser, proceso que los fortalecerá como miembros de la colectividad que buscan mantener su cultura en tiempos de globalización, permitiéndose concebir un modelo de desarrollo propio (denominado sostenible) que sea más acorde a sus necesidades y su ritmo de vida.


En el caso Miraña, un ejemplo de su Patrimonio Cultural es su cultura culinaria como la receta presentada en el marco del Premio Nacional de Gastronomía en el año 2007, titulado como Dorado Miraña, receta que se presenta a continuación y cuyo significado aparece registrado en el artículo “Améjimínaa majcho: la comida de nuestra gente, etnografía de la alimentación entre los Miraña” que pude consultarse en el siguiente enlace AQUÍ.