"La
descripción etnográfica no es tan fácil como a primera vista pudiera aparecer. No
se puede describir lo que no se ha entendido, y menos aun lo que no se es capaz
si quiera de observar o identificar a pesar de que esté sucediendo al frente de
nuestras narices. De ahí que la labor etnográfica requiera el desarrollo de un conjunto de condiciones
y habilidades que le ‘abran los ojos’ al etnógrafo, que le permitan
entender lo que tendrá que describir.
Entre
las condiciones se pueden resaltar tres. En primer lugar, en el marco de un
estudio etnográfico incluso la observación más elemental supone que se cuenta
con una pregunta o problema de investigación. Esta pregunta o problema no sólo
permite en términos generales distinguir lo que es pertinente de lo que no lo
es, sino que también orienta la labor del etnógrafo en ciertas direcciones
visibilizando asuntos que de otra forma permanecerían en la penumbra. Sin
pregunta o problema de investigación no es posible adelantar ningún tipo de
estudio etnográfico. En parte los ojos del etnógrafo (o sus gafas) son
constituidos por su pregunta o problema de investigación.
Una
segunda condición en un estudio etnográfico es ser aceptada la presencia del
etnógrafo por las personas con las que se realiza la investigación. Sobre todo
cuando el estudio etnográfico se encuentra diseñado recurriendo a la técnica de
la observación participante localizada, es indispensable que la gente con la
que se trabaja tenga la disposición a que el etnógrafo no solamente resida en
el lugar sino que esté observando y preguntando sobre lo que le interesa. Ahora
bien, hay estudios etnográficos que no recurren a esta técnica de la
observación participante sino a otras como al del informante (por ejemplo, el
famoso caso de la etnografía de los Desana escrita por Reichel Dolmatoff con
base en entrevistas realizadas en Bogotá a un miembro de este grupo indígena) o
los trabajos de antropología histórica que realizan una lectura etnográfica a
los archivos para periodos y gentes del pasado.
Finalmente,
la tercera condición para resaltar es contar con buen tiempo para realizar la
investigación etnográfica. El trabajo de campo toma tiempo, tiene su propio
ritmo. Una etnografía demanda un periodo prolongado de tiempo, pues no alcanza
a conocer de la noche a la mañana la vida de otra gente y mucho menos sus
propios significados. No se puede hacer etnografía con un par de visitas de fin
de semana. En algunos casos, como cuando hay que aprender una lengua distinta o
cuando el problema de investigación así lo demande (un ciclo de siembra, por
ejemplo), los estudios etnográficos pueden fácilmente tomar años. Las técnicas
etnográficas tienen sus ritmos, que no pueden ser caprichosamente acelerados: “La
información no se recoge en un par de jornadas ni de una sola fuente, sino que
se obtiene a lo largo de prolongados periodos y recurriendo a diversos
informantes […]” (Guber 2005: 100). Como dependen en gran parte de la
construcción de familiaridad y confianza de la gente con la que se trabaja, los
afanes y agendas apretadas no tienen cabida. Además, el proceso de aprendizaje
del investigador es lento, no es necesariamente acumulativo ni unidireccional"
Tal como recomendara Malinowski al aplicar
el método etnográfico, además de los tres pilares mencionados en el texto de
Eduardo Restrepo, es fundamental que el etnógrafo realice un esfuerzo por
comprender y después aprender la lengua vernácula del contexto donde
interactuará, ya que esto favorecerá no solo la labor investigativa, sino que
asegurará la aceptación por parte de la comunidad y asegurará un alto grado de
confianza en la información compilada.
Creyendo firmemente en la importancia de
aprender una lengua indígena y como estrategia para poder investigar una lengua
escasamente estudiada, desde el año 1995 realicé la compilación de información
lingüística - sin ser etnolingüística -, y me esforcé en asimilar la tonalidad
del Miraña, a partir del aprendizaje de cantos tradicionales que, por fortuna,
los sabedores - cantores tradicionales de este pueblo (Napoleón Miraña y Luis
Miraña), venían enseñando a los niños y niñas de las escuelas de Puerto Remanso
- El Tigre y María Manteca (o Mariapolis).
Posteriormente fue decisivo y me sirvió de
apoyo, el aprendizaje que hiciera por su cuenta Alcibíades Miraña, quienes con
esfuerzo y dedicación aprendió su propia lengua.
Recibiendo las recomendaciones de lingüistas
como Camilo Robayo, profesor del Departamento de Lingüística de la Universidad
Nacional de Colombia e investigador del Karijona, me di a la tarea de compilar
en fichas cada término, cada frase, tratando de graficar la tonalidad de la
lengua, aspecto que en lo personal me costó muchísimo aprender.
Además de adentrarme en el uso del
Alfabeto Fonético Internacional y de realizar unos talleres de estandarización
de alfabeto con las comunidades, pude acopiar más de un millar de palabras y
expresiones que transcribí en fichas y que desde entonces guarde con los
casetes donde personas como Elvano Miraña, Luis Miraña, salvador Miraña,
Napoleón Miraña, Crispín Miraña y la siempre recordada abuela (Taa`lle) Andrea Bora Miraña, me
adentraron en los primeros pinitos de esta lengua, hoy por hoy desconocida y en
peligro de extinción.
A ellos, dedico todas las entradas que en
este espacio virtual hago alusión a la lengua Miraña, esperando que algún día,
otras personas interesadas y dispuestas a aprender esta lengua, revisen, corrija
y complementen este trabajo.
A continuación presento la primera compilación de vocablos acopiados en la
comunidad de San Francisco en el año de 1994, los cuales referencias objetos utilizados
en la casa Miraña y que se aparecen registrados en el Fondo Documental bajo la toponimia 1a EST OCT 1994 STA ISABEL - DC de 034 a 120 fichas:
Autoría de Marimuteka Amejiminaa (Carmensusana Tapia Morales)